Vocación seglar

Todos los cristianos, por nuestro bautismo, somos llamados por Dios a seguir a Jesucristo y a evangelizar.  Dios quiere que todas las personas se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Un amor tan grande como el que Dios nos tiene a cada uno, no puede dejar indiferente. Todos tienen que responder a su propia llamada. La clave es “sentirse alcanzado” por Cristo que nos revela el misterio de Dios, nos enseña a responder fielmente y nos ayuda a salir al encuentro de los demás y a servirlos.

Juan Pablo II concluía así su exhortación apostólica Christifideles laici, acerca de la vocación y misión de los fieles cristianos en la Iglesia y en el mundo:

“En los umbrales del tercer milenio, toda la Iglesia, pastores y fieles, ha de sentir con más fuerza su responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15), renovando su empuje misionero. Una grande, comprometedora y magnífica empresa ha sido confiada a la Iglesia: la de una nueva evangelización, de la que el mundo actual tiene una gran necesidad. Los fieles laicos han de sentirse parte viva y responsable de esta empresa, llamados como están a anunciar y servir el evangelio en el servicio a los valores y a las exigencias de las personas y de la sociedad”.

Una vocación así supone a los que son llamados a ella una profunda renovación en cinco ámbitos:

a) La primera renovación es la de su propia vida, su visión del mundo, sus objetivos, deseos, modelos de comportamiento, relaciones, actividades, objetivos y aspiraciones, de cada uno, de cada persona. Este es el primer fruto de la conversión personal, sin el cual toda actuación apostólica del cristiano queda comprometida y bloqueada.

b) El segundo ámbito de este mundo renovado es la familia. Cuando las personas se ven cristianamente a sí mismas y viven su vida en conformidad con la Palabra de Dios, las relaciones entre hombre y mujer alcanzan unas características que hacen que la sexualidad y la vida matrimonial respondan adecuadamente a la naturaleza personal del hombre y de la mujer, de los padres y de los hijos. La familia cristiana es humanidad redimida, liberación y dignificación del ser personal y de la realidad social fundamental y básica.

c)  El tercer ámbito de transformación es el de las relaciones entre familias cercanas, entre parientes, vecinos y amigos, mediante el desarrollo de las mil variaciones de la caridad fraterna en la convivencia de cada día. Así por ejemplo, justicia, veracidad, generosidad, hospitalidad, y tantas otras características clarificadas, fortalecidas y reclamadas por la nueva existencia en el Espíritu.

d)  Un cuarto ámbito de la existencia humana renovada es el mundo de las actividades y las relaciones profesionales, el mundo de la economía y del trabajo. Los cristianos pueden ejercer y de hecho ejercen todas o casi todas las profesiones legítimas, pero es evidente que no todos los modos de ejercer una misma profesión son igualmente propios de los cristianos. La responsabilidad y el ejercicio de la justicia y de la generosidad tienen que ser características del ejercicio profesional de un cristiano en cualquier profesión o actividad laboral y económica.  Sólo actuando de manera conforme con la caridad sobrenatural los cristianos seglares transforman de verdad el mundo de acuerdo con los designios de Dios y facilitan el advenimiento de su Reino.

e)      En último lugar, la acción transformadora de los cristianos convertidos alcanza los ámbitos de la vida social y pública, mediante el ejercicio de sus deberes y derechos políticos, tanto en el ejercicio del voto como en la actuación personal y asociada de aquellos cristianos que se dedican a la acción social y pública, en el campo de la información, de la opinión, o del gobierno en cualquier nivel y con cualquier sigla o color. Aceptando la libertad y el pluralismo de nuestra sociedad, y precisamente en ejercicio de esa misma libertad y del pluralismo real, los cristianos pueden y deben tener en cuenta los principios de la moral social cristiana para actuar en política, ya sea en el ejercicio del voto o en la actuación directamente política en los diferentes partidos y en las actividades legislativas.

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